Nuestra casa en el medio de la calle

Historias Nuestro entorno

Eso que empiezas hablando de el programa del momento y acabas como Bertolt Brecht, que decía eso de que “me parezco al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa“. Este post es un ladrillo… ¡Y ni siquiera tiene dibujos!

Saludar a tu casa al entrar

El otro día unos amigos comentaban el programa de Marie Kondo en Netflix. Nosotros nos hicimos los interesantes diciendo que ya habíamos leído el libro y eso me recordó que hace un tiempo Mo dijo que le gustaba el método Konmari, pero que le chirriaban cosas como, por ejemplo, saludar a la casa al entrar.

Yo tengo mi sistema de organización particular, pero no me costaría saludar a la casa porque es algo que hago siempre. Entonces me puse a pensar… ¿era comportamiento aprendido?

¡HOLA, CASA!

Mi hermana y yo solemos decir que una de las mejores cosas que hizo mi papá por nosotras fue irse.

Mi mamá nos llevó a vivir donde los abuelos y tuvimos una estructura segura en todas sus acepciones. Una casa grande, de dos pisos, jardines… y seis waters, ¡seis!

Los adultos se iban a trabajar y nosotras al colegio. Dadas las dimensiones de la casa, al volver solíamos abrir la puerta anunciándonos con un ¡HOLA, ABUELA! para que supiera que habíamos llegado. Al morir ella, cuando ya íbamos a la universidad, pasamos a gritar ¡HOLA, ABUELO! Muy fuerte, para que nos escuchara a pesar de la creciente sordera.

Desde hace algunos años ya nadie grita al entrar, pero como yo me fui antes, traje conmigo el hábito. Vociferaba ¡HOLA! al volver, pero era un poco absurdo porque mi piso era enano y nadie me esperaba. El Sr. Torres llegaba más tarde, así que empecé a decir ¡HOLA, CASA!

Cuando salíamos juntos yo seguía saludando a la casa al volver y lo convertimos en costumbre. A veces la llamamos casita y hasta le preguntamos cómo ha estado, sobre todo si nos hemos ausentado algunos días.

Volvamos a la casa de Lima

En nuestra calle había tres casas de un lado y cinco de otro. Nuestra casa era la del centro de esas cinco. Our house in the middle of our street.

La casa de los abuelos fue la última en levantarse en esa urbanización. Los vecinos suspiraron aliviados cuando vieron que por fin se inició la construcción y sus viviendas se revalorizaron después de años teniendo un solar malaspectoso en medio de la calle.

La edificación no corresponde exactamente a los planos porque la abuela hizo varios cambios mientras supervisaba la construcción. El abuelo pasaba mucho tiempo viajando, así que ella diseñó la casa a su gusto y la llenó de luz y elementos prácticos.

Cuando se acabó de construir, aún quedaban 20 años de hipoteca. El abuelo le dijo a sus hijos que probablemente serían ellos los que acabaran de pagarla… ¡parecía tanto tiempo! Pero los 20 años volaron, vivió para pagarla y siguió viviendo para cobijar a todos los que volvieron.

Y 50 años pasaron…

El otro día recibí un mensaje de mi tía que decía que la casa de los abuelos, nuestra casa, cumplía 50 años.

No sabía que cumplíamos años el mismo mes. Tenía la idea romántica de que la casa había sido inaugurada con la celebración de su fiesta de promoción. Yo no había nacido, pero recuerdo una foto en blanco y negro de un montón de chicas vestidas de largo, emperifolladas y sonriendo en la puerta. Pensaba que con ese comienzo nada habría podido salir mal.

Sin embargo, la realidad había sido muy diferente. Se habían mudado el año anterior, pero aún quedaban algunos trabajos pendientes. Salieron a almorzar y dejaron en la casa a los operarios que debían instalar la cocina. Al volver encontraron todo revuelto y ya no estaba ni el joyero de la abuela ni la cámara fotográfica.

Ese había sido el horrible comienzo y no la fiesta. A pesar de todo, se siguió viviendo.

Al día siguiente recibí una foto que describe perfectamente a mi familia. No aparecía ninguna persona, pero se podía ver una torta de cumpleaños. En esa galletita que se pone encima, donde los pasteleros suelen escribir “feliz día”, había una casa dibujada.

Se habían reunido para celebrar los 50 años de la casa. ¿Sorprende acaso que yo salude a la mía?

La casa modular

Algo que a la gente que nos visita en Barcelona le llama la atención es el concepto de casa modular. Nuestra casa se transforma según las necesidades de quienes estén en ese momento en ella. Da igual cuántos seamos o qué estemos haciendo, la casa siempre se amolda y acoge.

En eso se parece a la casa de Lima. Creo que no sabría decir cuántas personas han dormido, comido o festejado algo allí. Cuántos primeros pasos, primeros besos o primeras borracheras se dieron allí. Cuántas lágrimas se han derramado y cuántas veces hemos creído que eso también pasará y nos hemos sobrepuesto. O no, pero hemos seguido adelante riéndonos.

Hace unas semanas la casa de los abuelos se ha puesto en venta.

Yo llevaba años esperando este momento. Ya me he despedido del inmueble varias veces y creo que es una buena decisión. Ha llegado el momento de que busquemos soluciones más acordes a nuestras circunstancias familiares.

No obstante, no estaba preparada para las reacciones ante el anuncio. Nuestros amigos compartieron recuerdos, hablaron de la buena vibra, de haber crecido entre esas paredes y de haber encontrado una familia que sentían como propia. Creo que no se le puede pedir más a una casa.

Ya llegarán casas nuevas y la ilusión de hacerlas nuestras, cada uno a su manera. En todo caso, sabemos que allí donde esté otro de nosotros, en cualquier parte del universo, tendremos un hogar.

Marie Kondo diría: muchas gracias… y adiós, casa.

(y, ya puestos, dile adiós a esa ropa que te avergonzará en el futuro xD)

21 comentarios

Azul Celeste 15 enero, 2019 at 7:34 pm

¡Ay pero luces preciosa con tu cabello lubio! ¡Y esos ricitos! ¡Y ese Top Tejido a Mano!
La casa… a veces duele despedirse, otras ansías despedirte de esas paredes.
Pero tu casa, tu familia siempre tan llena de energía y recuerdos, ¡Cuántos primeros!
Yo no saludo a mi casa, lo único que hacía cuando niña era llegar y besar el suelo (así muy papal) cuando regresábamos de vacaciones.
Ahora, si es que me llego a ausentar, sólo encargo mi casa a las ánimas Benditas del Purgatorio y rezo un Padre Nuestro.
Gracias por compartirnos tus memorias.
¡Un abrazo!

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remorada 16 enero, 2019 at 10:39 pm

qué risa el saludo papal!!! xD echabas de menos tu casita ^^

yo espero que este año sea de mudanzas para los habitantes de Lima y Barcelona, pero ya se verá x)

:***

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Marialu R 16 enero, 2019 at 9:47 am

Confieso que me has emocionado un poquito, Fran (pero paso de saludar casas;P)

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remorada 16 enero, 2019 at 10:40 pm

jaaaaa xDDD

pruébalo, vas a empezar a ver mejor hasta al gotelé xDDD

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Irene MoRe 16 enero, 2019 at 10:00 am

Yo en mi vida he saludado una casa y jamás creo que lo haga, pero sí te digo que, con la que estamos haciendo en el pueblo, me veo celebrando sus cumpleaños. Es una casa que me gusta, pequeña, pero amoldada a nuestras necesidades, y con un porche que espero disfrutar muchos amaneceres y atardeceres.
No ocurre lo mismo con la casa donde viven ahora mis padres, y donde me crié, o nuestra casa habitual, cualquiera de las dos las vendería sin mirar atrás y sin ninguna pena.
¡Feliz cumpleaños, casa limeña de los abuelos de Fran! Y adiós.

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remorada 16 enero, 2019 at 10:41 pm

oye, pues yo quiero saludar a la casa nueva! también tendrá pastel de merengue? :P

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Mari 16 enero, 2019 at 12:10 pm

Todavía saludo al entrar; con las llaves en la mano y con la puerta aún abierta grito hola!!!

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remorada 16 enero, 2019 at 10:43 pm

y saludar al gato? esa es buena *-*

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dina 16 enero, 2019 at 3:54 pm

Me ha encantado la historia y eso q yo odio fervientemente a la Kondo (y más desde que ha dicho lo de los libros) y que sepas q es normal tener el corazón encogido por esas cosas. Yo el día q le entregué las llaves de la casa de mis padres a sus nuevos inquilinos lloré…

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remorada 16 enero, 2019 at 10:44 pm

nosotros somos unos insensibles, pero lloramos cuando dejamos nuestro minipiso de Mataró luego de tres años. Nos íbamos a uno mejor, pero era como dejar lo que habíamos vivido y nos dio penita!

(se nos pasó rápido, también te lo digo)

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Mo 16 enero, 2019 at 5:49 pm

Hombreee, no me acordaba yo de esa entrada :)
Debo decir que aunque no saludo a mi casa al llegar (saludo a mi perra, jejeje), sí que creo en la energía de cada uno de los sitios en los que he habitado, y cuando me voy de uno, también le digo adiós. <3
Estás monísima en esa foto, espero que la casa de tus abuelos regales felicidad por muchas generaciones.
Muas!
PS: https://blogueandodemipequeyotrascosas.blogspot.com/2013/05/casas.html#comment-form

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remorada 16 enero, 2019 at 10:46 pm

tengo que hacerme un repaso de tu pasado, que no sabía lo de la casa encantada! qué suerte que planeaste una boda y nos encontramos en el camino ^^

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Mo 17 enero, 2019 at 10:36 am

Ohhh! <3 <3 <3

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Una Mama en la Cocina 17 enero, 2019 at 7:47 am

Oh, qué penita, me ha gustado mucho la historia

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remorada 24 enero, 2019 at 6:11 pm

una pena contenerme y no poner fotos de la casa porque también te habría gustado x)

gracias! :***

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Estela 17 enero, 2019 at 2:30 pm

Que lindo post, me gustan los recuerdos infantiles…
Una bonita costumbre la de saludar a la casa.. esa no la aplico..
beso

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remorada 24 enero, 2019 at 6:12 pm

a mí me sale natural, pero luego he pensado que también le pongo nombre a los objetos xDDD

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Aivic 18 enero, 2019 at 9:44 pm

Our house, in the middel of the street…. Ahora tendré la canción en la cabeza por días XD

Yo siempre digo hola al entrar, haya o no alguien. Aunque eso era un mecanismo de defensa, no se si fue mi yaya que decía que si se saludaba al entrar siempre pensarían que no estabas solo.

Yo lo paso muy mal con las despedidas o los finales de las cosas. Es genial que te lo puedas tomar así.

Besos!

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remorada 24 enero, 2019 at 6:17 pm

eso también lo he pensado, que saludar me daba y proyectaba seguridad… aunque no hubiera nadie allí para escuchar mi saludo! jajaja xD

la canción se engancha, suerte que es bonita ^^

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Pepa 26 enero, 2019 at 10:10 am

Pero que relato tan bonito! Hay casas y casas, y yo también creo que voy va empezar saludarlas. Tú hasta de pequeña apuntabas maneras, eh? Un abrazo!

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remorada 4 febrero, 2019 at 5:12 pm

en esas épocas abría las jaulas de los canarios de mi abuela para comerme su comida jajaja xD

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