Más sobre mí Moradeces

He pensado muchas veces en cuál podría ser mi espíritu animal. De entre los bichos, me gustan mucho las libélulas y las arañas. No me identifico con anfibios, reptiles ni aves, aunque mi Patronus sea un gavilán. Los mamíferos me suelen simpatizar más, pero no me gustan todos. Últimamente los indicios apuntan a que mi tótem es un oso. O, tal vez, una osa.

Un osito de peluche de Taiwan

Imagino que, igual que medio mundo, habrás tenido un oso de peluche como compañero de infancia. El mío era asquerosísimo. En mis últimos recuerdos tenía los mechones amarillentos llenos de pegotes de jugo de fruta, lo que le daba un olor dulzón. No sobrevivió a la mudanza cuando mi mamá, mi hermana y yo nos fuimos a vivir con los abuelos, pero en mi mente puedo reproducir perfectamente el sonido que hacía cuando lo inclinabas, parecido a un balido de oveja. Diría que encima era heredado, pero esto lo tendría que contrastar. 

No fue el único oso que tuve. En mis primeros años destacó también Cuqui, un osito de plástico que aún guarda mi progenitora, y un CariñOsito (Oso Cariñoso en España) que definitivamente no era el que había pedido con todas mis fuerzas esa Navidad: quería el azul que siempre estaba enfadado y mi tía abuela me regaló el celeste, el de los deseos. Era lindo igual.

Desde que vivo en Andorra me han regalado dos ositos publicitarios: uno de un centro comercial y otro que ganó el Sr. Torres en una acción promocional de la parroquia donde apenas un mes después empecé a trabajar. 

The bear and the maiden fair

Las señales, en realidad, siempre estuvieron ahí. 

Diría que mi conexión con los osos ocurrió cuando Misha, la mascota de las Olimpiadas de Moscú ’80 dejó caer una lagrimita de despedida. 

Como luego fui a una escuela rusa, tuve revistas Misha y muchos cuentos en los que aparecían osos en ilustraciones más realistas y menos adorables que en la historia de Ricitos de Oro. Algunos llevaban caftanes y sombreritos rojos.

Pasaron los años y me hacía unas coletas que parecían orejas, así que un compañero de clase me empezó a llamar Osita.

Cuando estudiaba la carrera de Ciencias Forestales mi papá me preguntaba si quería ser como Yogi. Nada más lejos de la realidad, el oso correcto es mi querido Smokey, conocido como Fumarola en América Latina. Tuve una camiseta con su cara.

Más tarde, al mudarme a Europa, fui la reencarnación de Paddington, llegando con su maletita «desde el más oscuro y recóndito Perú». De hecho, tengo un abrigo azul y un sombrerito de lluvia rojo para completar el outfit. Los osos andinos también son llamados osos de anteojos, así que me representan. 

Quiso el destino que nuestro barrio barcelonés fuera el Gaixample y que al Sr. Torres lo confundieran con un «oso» más. Somos tal para cual. 

A todo esto, el trabajo me seguía vinculando, de una manera u otra, con los osos. Si te dedicas a la conservación es un sueño trabajar con una especie paraguas. El mío se cumplió. Y fue traumático porque luego estuve mucho tiempo sin saber qué nuevo sueño trazar. 

Danse de l’ours

He contado toda esta historia solo para decir que poco antes del confinamiento supe que había un ball de l’Ossa en Andorra y que, al ahondar un poco en el tema, resultó que tanto en este país como en el sur de Francia se celebran fiestas alrededor de la figura de un oso. 

Y dio la casualidad que en uno de los mejores libros que leí en 2020 se hablaba de una de las fiestas francesas. 

El libro, por si acaso, es Canto jo i la muntanya balla de Irene Solà, que se puede leer traducido a varias lenguas y en todas seguramente tendrá la misma magia y llevará la misma fuerza de la naturaleza y de las historias entrelazadas, pero elegí su idioma original, el catalán, y los sonidos se hacían visibles párrafo tras párrafo. Una cosa loca. 

Me fijé en que llevo años con el cuadro Hermana Osa de Esther Gili encima de mi lado de la cama. Amé esa ilustración desde antes de siquiera imaginar que alguna vez viviríamos lejos del mar.

© Esther Gili 2017, Edición limitada, aún queda una lámina en la tienda de Marialu.

Y por nuevas cosas de nuevas vidas he tenido la oportunidad de conocer mejor las fiestas oseznas de Andorra. 

Pero lo dejo para el próximo post, que después de una ausencia más larga que una hibernación es mejor ir paso a paso.


P.D. Los títulos son nombres de canciones. En noviembre hice una lista de Spotify con canciones que hablan de osos. Es totalmente ecléctica, así que si crees que falta alguna que no me puedo perder, ¡avísame! 

13 comentarios

Azul Celeste 23 febrero, 2021 at 11:06 pm

¡Ay que bonito! Me encantó tu historia de osos, ya estoy esperando el próximo post. :D

Mi mamá cuando niña tenía un osito de peluche al que quería mucho, lo conservó con ella hasta la edad adulta y fue a perderlo cuando se separó de mi papá.

Entonces se quedó con ese vacío, extrañaba a su Mi’loso e inició una colección de osos. JA!
Así que cuando yo veo osos, luego luego pienso en mi mamá.

Te mando un grandiOSO abrazo XD

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remorada 24 febrero, 2021 at 8:30 am

Qué graciOSO! x)

Yo tenía una colección de gatos, pero me quedé con poquitos antes de mudarnos y el resto lo heredé >.<

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Fabiola 23 febrero, 2021 at 11:47 pm

Que linda historia de vida!!! Me has hecho pensar en todas las cosas con las que yo tambien tengo conexion. Japón, el nombre de las calles donde he vivido, y pensaré en mas cosas. Abrazo gigante!!

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remorada 24 febrero, 2021 at 8:32 am

Permíteme el chiste fácil, pero está clarísimo que tu espíritu es de pava, no? xDDD

Disclaimer para quien lo lea: Fabi es mi amiga de la universidad y trabaja, entre otras cosas, en la conservación de la pava aliblanca (Penelope albipennis) en el norte del Perú :P

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Toni 24 febrero, 2021 at 12:02 am

Acaben d’estrenar la versió teatral a bcn de Canto jo i la muntanya balla!

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remorada 24 febrero, 2021 at 8:33 am

Ho he vist!!! Però no em faig la idea de com podria ser, és força complexa quant a personatges!

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martha 24 febrero, 2021 at 10:24 pm

Hermana osa. Tan graciosa y talentosa. Creo que el deseo de hibernar también forma parte de tu naturalosa, digo, de tu naturaleza.

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remorada 26 febrero, 2021 at 9:11 am

no sé si decir jajaja o zzz xD

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Estela 25 febrero, 2021 at 4:19 pm

Cuantos osos por allí! :-)
Yo tuve muchos muñecos de peluche de chica.. un día terminé regalando la mayoría. Pero fijate que no fueron todos porque ahora que tengo a la beba resulta que mi madre sale con que ella guardó nuestros juguetes (si.. unos 40 años.. imagínate en que estado estan! medio calamitoso la mayoría, no se como no terminaron en la basura hace rato) y por camarita me dio a elegir los que quería para heredarle a la nena. Muchos les dije que no, alguno le acepté (y de hecho cuando llegaron a casa la mitad los regalé, porque sinceramente tampoco quería llenarme de peluches..). Y algunos estan en un estante del cuarto de la beba.. obvio todavía ahí sin ningún uso..

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remorada 26 febrero, 2021 at 9:14 am

la verdad es que los peluches son un nido de polvo xD pero a la beba le hará ilusión tener un juguete tuyo, seguro!!! *-*

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Elena Melituca 26 febrero, 2021 at 9:09 am

¡Me encanta la playlist… y tu historia con los osetes! Puedes añadir, si te gusta el estilo de El Meister, su canción «El oso». Es curioso, si me paro a pensarlo, a pesar de ser muy «de gatos» siempre he tenido más peluches de osetes y nunca ha faltado uno en mi cama. De pequeña iba cambiando de osito favorito, y desde hace unos años tengo uno muy rechoncho que era de mi madre y que espero me acompañe hasta el fin de mis días xD

¡Un besote!

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remorada 26 febrero, 2021 at 9:13 am

Gracias por el aporte, ya la he incluido!!! *-*

El Sr. T me ha recordado que tengo varias fotos con osos gigantes por el mundo, el de Harrods en Londres, uno de Line en Singapur y el de Pyrenees la última Navidad en Andorra xDDD

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Pepa 26 febrero, 2021 at 3:59 pm

Si que tienes una conexión con los osos.
¡Me gustó mucho conocerla! 😁❤

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