Viaje a Japón: la ciudad de las ciencias de Tsukuba

Salí hacia Japón con 50 dólares en el bolsillo, ni uno más ni uno menos. Luego de pagar un impuesto de salida que al fin ha dejado de existir, me quedé con 19. Mi primer destino era Los Ángeles, donde gasté 5 en una coca-cola y otros 5 intentando decir que ya había llegado bien. Por suerte, al hacer el check-in me enviaron a la sala VIP de Japan Airlines, tenía unas cuantas horas por delante y al menos la comida la tendría asegurada.

El vuelo hasta Tokio fue maravilloso, pero fue allí que me percaté que una vez que bajara del avión no tendría ni idea de a dónde ir. Otra vez con la suerte de mi lado, me esperaba una persona con un cartelito con mi nombre. Era un taxista que no hablaba inglés y que condujo más de una hora hasta llegar a su destino: la ciudad de la ciencia de Tsukuba, en la provincia de Ibaraki.

Situada a 50 km de Tokio, Tsukuba es la única ciudad planificada desde el inicio por el gobierno, por lo que tiene una estructura bastante occidental. Destaca el monte Tsukuba y la réplica de un cohete en el Tsukuba Expo Center. Es la ciudad con más densidad de PhD de todo Japón, pero la verdad es que para visitarla es algo aburrida.

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A las afueras, se encuentra una sede de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), donde pasaría la mayor parte del tiempo. Llegué de madrugada, así que al día siguiente empezó lo bueno.

Nos presentamos, 16 personas de 16 países diferentes, nos asignaron un oficial que gestionaba el curso (¡Sugimoto-san!) y un tutor (¡Inadome-san!). Nos dieron el programa del curso, en principio viviríamos en el centro y en el edificio del frente recibiríamos charlas de expertos en diversos ámbitos del cambio climático, de 8 a 12 y de 2 a 4 casi todos los días. También nos dijeron que haríamos algunos viajes de estudios y que nos habían organizado actividades de esparcimiento.

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La primera semana fue introductoria, recibimos clases sobre historia, economía, educación o cultura japonesa. Mi momento preferido fue cuando hablaron de la diferencia entre culturas y de cómo los latinos tendían a pegarse mucho a la gente, que mejor se abstuvieran de hacerlo. Nos dijeron que podríamos tomar un curso de japonés por las noches al que me apunté de cabeza. Como tenía la base de lo que había estudiado en Lima, no aprendí mucho más pero lo pasé genial.

Y lo más importante, nos explicaron cómo funcionaría la beca. En los centros JICA teníamos alojamiento, desayuno y cena, nosotros teníamos que ocuparnos del almuerzo, aunque si guardabas un par de cosas del desayuno ya no necesitabas comprar más. El transporte lo gestionaba directamente nuestro tutor, así que el dinero que nos quedaba era para comprar libros, ropa o hacer envío de cosas a nuestros países. Una cantidad importante, que me alcanzó para viajar más, salir, comprar y volver a casa con dinero. Una pasada.

El camino entre la sede de JICA y el centro de la ciudad atravesaba campos, parques, lagos, un cementerio y alguna cosa más. Teníamos bicicletas a nuestra disposición así que las usábamos a menudo. Llevaban canastita y lo más sorprendente era que comprabas algo en una tienda, dejabas el paquete en la bici, ibas a otra tienda, tardabas lo que te diera la gana y al salir todo estaba en su lugar. Algo inimaginable para una peruana.

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Los latinos de mi curso se juntaron con los latinos de otros cursos y cada día organizaban una fiesta donde se bailaba la Macarena. No había ni un solo español en todo el centro, pero qué más daba, era lo que el resto del mundo reconocía como latinidad así que teníamos que cumplir con las expectativas. Eran los más entusiastas, los que más reían y, ciertamente, los más ruidosos de todos.

Lo pasaba muy bien con la mafia latina, aunque yo intentaba pasar algo de tiempo empapándome de la cultura de otros países remotos. Algunos, confieso, ni los conocía. Un día de estos debería ir a ver a mi amiga de Tuvalu, es el cuarto país más pequeño del mundo, pero son muy activos en las negociaciones relacionadas con el cambio climático. Y es que si el punto más alto del pequeño archipiélago es de 4,6 metros y los modelos predicen que subirá el nivel del océano es como para preocuparse.

tsuzuku

En la próxima entrega: todo lo que hay que ver en Tokio ¡y más! 

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46 Comentarios en este post

  1. Sr. Torres dice:

    Por más veces que lo lea/oíga, lo de dejar la bici con tus cosas sin vigilancia siempre me alucina. Tenemos mucho que aprender de los japos.

  2. Marialu dice:

    Qué graciosos bailando la Macarena, menos mal que no os pusieron a bailar flamenco y a tocar las palmas…

  3. Qué envidia de experiencia… Yo también alucino con eso de dejar la compra abandonada a su suerte y encontrarla al volver. Aquí no aparecería ni la bici. Jajajaja. Besotes!!!

  4. dibujosdenube dice:

    Cuando estuve hace 4 años seguìa igual: la gente dejaba incluso el portátil en el McDonalds y bajaba a por su pedido… Yo dejaba mi mochila tranquilamente en el metro o bolsas sin preocuparme porque sabía que nadie las tocaría.

    Es la ciudad donde yo me he sentido siempre mas segura. ¡Que envidia!.

    Besos!

  5. trespompones dice:

    :) Muero de felicidad con estas historias. Quiero más, quiero más!!!!

  6. martha dice:

    no sabia que habia sido tan variado ese viaje ni que hubieras sido tan aventurera de partir con solo 50 dolares. solo recuerdo que hubo un gran temblor en el Japon cuando estuviste alla.que bueno compartir espacios con gente de tantos lugares del mundo.

  7. pequeboom dice:

    Lo de la Macarena será objeto de estudio en unos años!!! jajajajaja

  8. Elena Velvet Cat dice:

    Dejar las cosas en la bici y que a la vuelta estén? Que maravilla, ya podría ser igual aquí…

  9. Qué valiente, ir a Japón con tan poca pasta!
    Parece que difrutaste mucho la experiencia; lo de poder dejar tus cosas a más de un metro sin que te las roben me parece increíble.

  10. Bombones dice:

    Me encanta lo de que con 19$ te dieses el gusto de gastarte 5$ en una cocacola. ¡Eso son lujos y lo demás son tonterías!

  11. Azul Celeste dice:

    ¡¡¡Pero que ganas tenía de que contaras tus aventuras japonesas!!!

    Totalmente diferentes las culturas, ya quisiéramos todos tener esa confianza de que nadie nos quitará algo, como dice @MiAlterEgo que ni la bici quedaría :(

    Esto es así, los latinos somos fiesteros por naturaleza, alegres y gritones…

    Espero el resto de tu aventura!

  12. Paula dice:

    Me encanta esta aventura japonesa, aunque me da un poco de morriña porque me doy cuenta de lo lejos que ha quedado atrás ya este periodo de exploración y conocimiento. Yo no llegué tan lejos como tú, pero sí aproveché la carrera para irme de Erasmus y eso me cambió totalmente. Un besote!

  13. Irene MoRe dice:

    Sin ser el lejano oriente un destino que me llame mucho la atención, alucino con tu vida, en serio, ¡menudas aventuras! Y no tanto por irte a Japón, si no por hacerlo con 50$

  14. qué envidia me das, maldita sea, como cualquier persona que haya ido a Japón. Pero tú mas que ibas “con gastos pagados”
    ENVIDIAAA XDDD

  15. loqueven dice:

    Debiste pasarlo genial y aprender muchas cosas interesantes. Lo de dejar las cosas en la bici y que no te lo roben.. Ay que maravilla!

    • remorada dice:

      en Canadá también me sorprendí de unas máquinas en que dejabas el dinero, abrías una caja y sacabas UN periódico… en Lima habrían sacado todos y los habrían revendido xD

  16. Marta dice:

    Yo me he quedado ojiplática con el último párrafo, voy a google a cotillear sobre Tuvalu. Me hubiera muerto de los nervios sin saber qué hacer al bajar del avión. Bueno, eso ahora, hace 10 años, supongo que no. Me encantan estas historias!! Que siga ya!!

  17. evavill dice:

    Muy interesante tu periplo japonés. Aguardo nuevas entregas

  18. madresolohayunablog dice:

    Qué alucinante. Arigato por contarnos tu historia.

  19. Celia dice:

    Uuuuuooouu!!! Qué envidia cochina te tengo!!! Que interesante! Que divertido!
    Quiero la 3 parte!

  20. akane86 dice:

    ¡Cómo mola todo! No sé si me estoy haciendo una imagen demasiado idílica de cómo era la beca y tu vida allí, pero pinta genial :) y me alegro de que os dieran más que suficiente dinero para gastos extras. Lo de dejar compras en la cestita de la bici y que nadie las robara no es sólo algo inimaginable para una peruana, en España eso es también ciencia ficción xD.

  21. monstruuosa dice:

    Qué chulo, yo me conformaría con dejar la bici vacía en la calle y que no me la birlaran.

  22. remorada dice:

    qué canción es esa? XD

  23. Bego dice:

    yo eso de las bicis lo viví en suiza y me flipó también. vaya pedazo de experiencia que estabas empezando a vivir. menuda pasada, yo me habría apuntado de cabeza a todo (excepto a lo de la macarena jajaja)

    • remorada dice:

      habrías bailado, ya te lo digo desde ahora, todos pasaron por el aro porque era la única canción en castellano que se sabían en todos los rincones del planeta y todos querían que les enseñáramos a bailar, así que no había escapatoria xD

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