Comida Más sobre mí Moradeces Salir y Viajar

Come todo. No quiero ver que dejes nada en el plato. Hasta que no acabes no te levantas. Hay niños que se mueren de hambre en el mundo y ya quisieran tener lo que tú tienes. Son algunas de las frases que escuchas una y mil veces de chico e intentas hacer caso, pero es que hay alimentos simplemente intragables y hoy le dedicaré una entrada a uno de ellos.

En 2004 apliqué a un curso en la Universidad del Pacífico. Teníamos que hacer grupos de 4 personas y el mío estaba formado por mi primo Javi, su amigo Rafael, mi amiga Sayaka y yo. El primer día descubrimos que éramos demasiado diferentes, y tuvieron que pasar horas y horas para encontrar el punto de consenso que nos permitió continuar y acabar el curso en los primeros puestos: los cuatro odiábamos las aceitunas. Y ya se sabe que no hay nada que una más a las personas que el odio común.

El problema es que se me ocurrió mudarme a un país que es uno de los principales productores de este fruto, y que lo tiene como la base de su alimentación. Aquí no hay caña sin olivas y yo extraño mi chela con canchita. ¡Y están en todas partes como muestra de buena voluntad! En casa de mis suegros, ya es un running gag lo de “ponle olivas a la Fran”.

Al menos las más comunes son las aceitunas verdes que no manchan, porque a las negras las odio al punto que no las puedo separar pues no quiero que toquen lo que voy a comer. Y ahí están siempre como un pedazo de ying dentro del yang, coronando la papa a la huancaína o escondiéndose en el tamal, recordándome que incluso la fantástica comida peruana tiene fallos garrafales.

Pero hay un giro inesperado en esta historia de aversión. Me encanta el aceite de oliva. En Perú es caro y lo usas en ocasiones especiales, aquí cocinamos todo con él. Y, como si no fuera suficiente, a veces me lo echo por encima para hidratar el pelo o a la piel. Es tan bueno que es incoherente con todo lo que he dicho antes. Traiciono a a mi propio odio.

En Perú, y no sé si en otros los países latinoamericanos, tenemos una palabra para el aparato donde están la aceitera y la vinagrera: alcuza. Es de origen árabe, así que nos debe haber llegado vía unos españoles que dejaron de usarla en el camino y allí se conservó. Nuestra alcuza tiene un lugar importante en el comedor de casa, riendo de mis contradicciones y esperando que caiga en una tentación que, por suerte, aun nos podemos permitir.

no me he hecho la pichi, eso amarillo es aceite (y no sé qué es peor XD)

24 comentarios

Azuki 22 abril, 2013 at 7:04 am

A mi me pasa igual!! Odio las aceitunas y las olivas!! Y me alegra leer tu post porque pensaba que solo era neura mia peeeero TAMBIEN ODIO QUE TOQUEN MI COMIDA!!! La de pizzas que he dejado de comer porque tienen olivas, y que nadie me venga con el cuento de que las apartas y ya esta! Mentira!! Aunque las apartes de algún modo siguen estando ahi T ^ T
¿Sabes porque nos gusta el aceite de oliva aunque no nos gusten las aceitunas? Porque es zumo que se ha hecho aplastandolas vilmente a traición XD es nuestra pequeña venganza muahahha XD

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remorada 22 abril, 2013 at 10:50 am

Ahora todo tiene sentido! He visto la luz! (o sea, “has posat oli en un llum” XD)

MUERAN, ACEITUNAS, MUERAN MACHACADAS!!! XD

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mamaenbulgaria 2 junio, 2014 at 12:19 pm

Tu habilidad con el lenguaje es envidiable y admirable a partes iguales :)

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remorada 2 junio, 2014 at 1:43 pm

gracias! =^_^= #poliglotona

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Carmen Alvarez Aparicio 22 abril, 2013 at 10:00 am

… yo las adoro!!!
(y cada vez más convencida de la “Teoría de las aceitunas”)

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remorada 22 abril, 2013 at 10:03 am

Es verdad! El Señor Torres es aceitunófilo, eso nos da puntos para el premio de la pareja perfecta! XD

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ddjtorres 22 abril, 2013 at 10:13 am

Kids… this is the story about how your aunt hated olives

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Carmen Alvarez Aparicio 22 abril, 2013 at 1:32 pm

… :D :D :D

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Serena 22 abril, 2013 at 3:41 pm

+1

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Deirdre 22 abril, 2013 at 10:24 am

Es totalmente normal que no te gusten las olivas y si el aceite de oliva, a mi me pasa algo parecido con el tomate. No me gusta el tomate natural, en cambio me encanta la salsa de tomate y el ketchup por ejemplo, o no me gusta el pescado pero el sushi me lo como sin pestañear :D

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remorada 22 abril, 2013 at 10:34 am

si, si, se ve que podemos ser muy tiquismiquis para según q cosas pero no tendríamos problema en comer sushi con ketchup! #sacrilegio (o no…) XD

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Elena 22 abril, 2013 at 10:29 am

olives, m’encanten les olives *.* olive them!♥ xD

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remorada 22 abril, 2013 at 10:30 am

hahahaha, què bona!!! ORLY YOU! XD

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mari 22 abril, 2013 at 12:45 pm

las verdes, maso; las negras, me encantan!!! … y el pulpo al olivo, a ver?

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remorada 22 abril, 2013 at 6:20 pm

tampoco me gusta el pulpo al olivo! yuk!

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carla 22 abril, 2013 at 3:13 pm

LAS ODIO Y ESTAN HASTA EN LOS TAMALES QUE ADORO

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remorada 22 abril, 2013 at 6:20 pm

es que creo que es lo que las hace aun mas malvadas, que estan dentro de lo mas querido!

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Aidixy y sus Cosas 22 abril, 2013 at 6:01 pm

no me lo puedo creer…. con lo buenas que están!!!!!! ahí, en el encurtido, con los pepinillos, cebolletas, zanahorias… y tú cañita… y la playa…. joer tia….

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remorada 22 abril, 2013 at 6:22 pm

tampoco me gustan los pepinilloooooos XD

al menos no me siento sola, he encontrado a muchas personas antiaceitunas! soy feliz! XD

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Toni 26 abril, 2013 at 12:19 pm

traidora a mi propio odio… hahaha! Gran frase!!! :)

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remorada 26 abril, 2013 at 12:28 pm

:P

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Azul Celeste 5 julio, 2013 at 2:21 pm

A mi madre le F-A-S-C-I-N-A-N
A mí me dan asco
y las frases… todas las hemos oído y alguna vez en la vida las hemos repetido :(

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remorada 8 julio, 2013 at 2:49 pm

prometo solemnemente nunca obligar a nadie a comer aceitunas! ><

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Azul Celeste 8 julio, 2013 at 5:45 pm

¿lo juras por tu corazón? :P

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