5 cosas que detesto de la lluvia

En la página de Facebook había dicho que hoy comenzaría con los viajes por la imaginación, pero la expedición ha sido suspendida a causa del mal tiempo.

Lima es una ciudad absurda construida en un desierto, es muy raro ver llover y, por lo tanto, es muy raro ver algo verde que nos recuerde que existe vida. Siempre quise vivir en un lugar donde lloviera para disfrutar del olor a tierra, bailar en las calles, usar botas de jebe/hule para saltar de charco en charco, y darle un beso a Spiderman colgado de cabeza.

A pesar que había tenido ocasiones de estar bajo la lluvia en varios lugares, recuerdo perfectamente la primera vez que me pilló un chaparrón viviendo aquí.  Estábamos en la Feria de Mataró y el Señor Torres iba diciendo que no le gustaban las nubes y que mejor volviéramos a casa. A mitad de camino (un camino de 15 minutos, dicho sea de paso) nos cayó encima una tromba que nos obligó a refugiarnos debajo de una cornisa. Yo le decía a mi amado que continuáramos, que qué era lo peor que nos podría pasar y el me miraba con cara de ¡no lo sabes tu bien, insensata!

Los 7 minutos de camino restantes los recorrimos lo más rápido que podíamos ir sin resbalarnos, atravesando plazas y calles sin cornisas. Al llegar a casa tuvimos que quitarnos toda la ropa y meterla directamente a la lavadora para centrifugarla, porque no teníamos ni donde dejarla de lo empapada que estaba (aunque es verdad que la casa era muy pequeña).

Seguí disfrutando algunas precipitaciones que se sucedieron, pero a veces me aburren. No por la lluvia como tal sino por estas 5 cosas:

  1. El estúpido paraguas. Tal vez funciona en lluvias ordenadas que caen de arriba hacia abajo, pero aquí eso no pasa jamás. Cuando llueve suele haber viento que lleva las gotas en cualquier dirección y te moja por todas partes. Ya puedes ir girando el paraguas que la lucha invisible siempre acabará igual: con las varillas rotas. En realidad esto no es culpa ni de la lluvia ni del paraguas, es culpa del viento. Estúpido viento.
  2. El baile de los paraguas. La etiqueta paragüil es una asignatura que debería enseñarse en las escuelas. ¿Cómo se camina cuando vas acompañado? ¿Cómo se comparte un paraguas? Y, en encuentros cara a cara ¿Quién tiene derecho a ir del lado de la cornisa? ¿Quién debe levantar y quién bajar el paraguas? ¿Cuándo se debe plegar para abrir el paso? Son demasiadas interrogantes y el riesgo de perder un ojo es muy grande.
  3. La propiedad de capilaridad del agua. Evito ponerme pantalón cuando llueve porque acabo de agua hasta la rodilla por la parte de detrás de las patas, que suele estar en contacto con el suelo mojado. El problema no sería tan grave si no fuera por mi manía de sentarme sobre una pierna doblada y dejar la marca como si me hubiera meado encima.
  4. El transporte público. Nadie camina porque llueve, pocos cogen el coche porque llueve, todos están en el transporte público porque llueve.  La mezcla del calor humano y el piso lleno del agua que chorrea de los paraguas plegados crea saunas sobre ruedas. Disgusting.
  5. El encrespamiento. Si el pelo de viento es un drama, el pelo de lluvia no se queda atrás. De hecho se queda arriba porque no hay manera de bajarlo.

No hace falta decir nada más. Suerte que el afro es hipster.

21 Comentarios en este post

  1. jajaja! el afro es hipster! eso me ha encantado!!!

    Yo ayer di fe del efecto de capilaridad…madre de dios! hasta las rodillas!!!!!!!!!!

    Un beso

  2. Me encanta la lluvia… y odio los paraguas!!! :D

    Una duda existencial: ¿por qué las personas con paraguas caminan debajo de las cornisas y no se inmutan cuando ven a pobres peatones “desparaguados” (como yo) mojarse? (hate them!!!)

  3. Brekas dice:

    Ay, el dibujo del segundo cuadro, qué exageración por diossssssssss!! jajaja. Tengo un amigo que le tiene terror a los paraguas. Miedo, miedito de verdad.

  4. FranMiau dice:

    Durante mi último viaje, en medio de aguanieve ligero, se me ocurrió compartir paraguas para no tener que hurgar en mi bolso por el mío. Como digo, no llovía fuerte ^_^, y hay algo de bonito en ir hombro con hombro compartiendo la protección de un paraguas.
    Cruzando una calle escucho que mi acompañante dice: “mejor usa tu propio paraguas porque me estoy mojando”.
    Fue un momento UGH, de esos en que te das cuenta de que la conexión que creías tener con otro ser humano (compartiendo un paraguas, wee~) es inexistente. xDDDD.
    (A su favor digo que era su primera vez usando paraguas, así que no tiene idea de la “etiqueta paragüil” xD).

    • remorada dice:

      nooooo! q mal!!! jajajaja XD tipo “no me abraces que me das calor”

      Prefiero mojarme antes que compartir paraguas, igualmente acabo medio empapada y con el cuello torcido, sin mencionar que no sé sincronizar mi paso con el de al lado. Vale tb para caminar cogidos del brazo, o bailar pegado, o bailar para-para XD

  5. Fabiola dice:

    El ultimo dibujito me hace recordar a Akane en la U, cuando vivias peleada con tu pelo y por ende con la vida!!! jejejeje

  6. Gloom dice:

    No sabía que tenías este blog!!! Te voy a seguir desde ya!
    Lo que me he reído con la entrada…. Pero es bien cierta ù___ú A mi no me gusta nada la lluvia y los paraguas son lo peor que han inventado en el mundo.

    • remorada dice:

      Ohhh gracias por pasarte! lo tengo hace poco, mes y medio o así :____) (y en wordpress pq blogspot me odia y no me deja comentarle a nadie ò_ó)

      Los paraguas son armas letales! O_<

  7. Karen dice:

    jaja Muy de acuerdo con la enseñanza de la etiqueta paragüil!

  8. Azul Celeste dice:

    Acabo de pasar algo similar con la sombrilla, vinimos del vía crucis, y es un batallar, casi le sacamos un ojo al soldado romano y justo pensaba en si habría clases de educación paragüil :P

  9. Esther dice:

    Ja ja ja, más razón que un santo, qué bueno lo del pelo, a mí me sucede igual.

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