Así planchaba, así, así

Hay días, por suerte muy pocos, en los que me tengo que comer mis palabras. A mis amigos les encanta reírse porque solía decir que jamás me casaría, yo sigo insistiendo en que solo lo hice por los papeles. Ahora voy a darles más munición porque voy a confesar públicamente que le plancho las camisas a mi marido.

Sí, yo, la que repitió hasta el cansancio que no iba a permitir que una plancha entrara en su casa, que antes muerta, que sería causal de divorcio. Y lo peor de todo es que nadie me lo ha pedido. 

Aquí en Santiago, el Sr. Torres va a trabajar con saco y corbata, así que el primer día por la mañana intentó planchar su camisa. Nunca había visto un proceso tan poco optimizado, así que me empecé a desesperar porque soy así de maniática. Tuve que decirle “trae para acá, mira, aprende… y que sea la última vez“. Me las di de experimentada, pero la verdad es que no había planchado en la vida. 

Dice mi mamá que cuando era muy chica me acerqué a ella mientras planchaba y le pregunté por qué lo hacía. Dice también que puse una cara como si la hubiera visto contando granos de arena en la playa, como si estuviera haciendo la tarea más inútil del mundo. No sé qué me respondió, pero no me debe haber convencido. Nunca entendí por qué había que ir con la ropa estirada, tampoco entiendo por qué es necesario ir a trabajar con indumentaria incómoda.

Al día siguiente el Sr. Torres volvió a pelearse con la plancha y le fue algo mejor, pero el resultado seguía dejando mucho que desear. El Sr. Torres es famoso por su variedad de camisetas frikis y en Barcelona no tiene impedimentos en ir con ellas a trabajar, pero ha descubierto que le encanta vestirse formal. Elegir qué camisa va con qué corbata se ha convertido en un pequeño ritual que se ve deslucido si la camisa está arrugada. 

Al volver de la oficina me confesó que no quería planchar más, pero tampoco quería que yo le planchara sus cosas. Le habían dicho que había un servicio de planchado cerca del barrio. Solo me pidió el favor de plancharle la camisa al día siguiente. Acepté a regañadientes. 

Por la mañana, al terminar de desayunar, él fue a ducharse y yo encendí la plancha. Primero me di cuenta de que no era tan terrible, es solo una prenda al día. En ese rato aprovecho para poner los stories de Instagram y acabar de despertarme, que siempre me cuesta. Además las actividades que requieren concentración y repetición suelen irme bien para enfocar mis pensamientos. Me organizaba mejor el día después de planchar. 

Lo que me sorprendió fue que al ver mi mano planchando una camisa blanca con rayitas celestes pude ver la mano de mi abuelo.

Mi abuelo era un señor elegante, incluso cuando estaba en pijama. Cada día planchaba una camisa impoluta, se bañaba y salía perfectamente combinado y perfumado. Mantuvo la costumbre incluso después de jubilarse, cuando ya no tenía obligación de ir tan almidonado y compuesto a ninguna parte.

Me di cuenta que ese pequeño ratito en que plancho me acerca a mi abuelo y no solo porque después de muchos años vuelvo a ver a un señor elegante. Después de este largo tiempo de convalescencia en que el Sr. Torres ha cuidado de mí con devoción, es la primera vez que puedo retribuirle. No es una tarea doméstica más, que las hacemos entre los dos porque nos benefician a los dos… planchar la camisa del Sr. Torres es hacer algo para él. El equivalente a cuando el abuelo le llevaba el desayuno a la abuela. Y él sale de la ducha, se pone la camisa calentita en pleno invierno y es feliz. 

Ya habrá tiempo para volver a Barcelona, a las camisetas frikis y a la vida sin planchar. 


P.D. La escena de la portada sucedió exactamente así, en medio de un supermercado y con la versión de Sergio Dalma, no la de Umberto Tozzi.  

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35 Discussion to this post

  1. Azul Celeste dice:

    A mí no me gusta planchar, tampoco lo hago bien. Sin embargo, cuando termino de planchar la camisa de miEspo, se la pone recién y dice: ¡Gracias! Siento como si me abrazaras… :D
    Vamos a terminar atragantadas con nuestras propias palabras mi querida Fran…
    ¡Qué lindo el recuerdo del abuelo!
    Un abrazooooo!

  2. Paprika dice:

    Hola Fran,

    Que risa me dio ^^
    Pero tienes mucha razón en tu punto de vista acerca de planchar la camisa para el Sr Torres.
    El recuerdo de tu abuelito fue realmente tierno.

    Un abrazo hasta Chile

  3. Bego dice:

    Así son los viajes y esto es lo maravilloso que tienen. Cuando uno sale de contexto descubre cosas sobre sí mismo que jamás imaginó. Y os está pasando a los dos juntos que es lo más guay.

  4. mari dice:

    Si esto no es una declaración de amor,se le parece mucho

  5. roandthecity dice:

    Me encanta leerte más a menudo ahora que estás más lejos. Odio planchar, pero cuando me casé cedí a cambio de otras cosas. Yo plancho y mi marido limpia los baños. Nunca he limpiado un baño y él no plancha, pero hace una año y medio o así compramos una secadora y casi no he vuelto a planchar. Alguna camisa, algo demasiado arrugado… lo demás va de la secadora a los cajones.

    Besos.

    • remorada dice:

      En la división normal yo limpio los baños y el cocina, decimos que cubrimos todo el aparato digestivo jajaja xD

      Ahora tengo que alimentarme sola, pero a cambio no limpio nada… y la verdad es que echo de menos que me prepare la comidita ><

  6. Marialu dice:

    A mi la gente no me entiende cuando digo que planchar me relaja, pero es verdad

  7. Esther dice:

    Yo detesto planchar, pero he de reconocer que las pocas veces en las que el costillo de pone camisas (dar una conferencia o ir de boda, básicamente, yo se la plancho por el mismo motivo, a él la queda fatal cuando lo hace.

  8. Es increíble cómo cosas tan sencillas pueden traernos tantos recuerdos… Yo soy muy fan de la plancha. Bueno, rectifico, soy fan de tener las cosas planchadas y, por ende, las plancho.
    Plancho hasta las sábanas pero no lo comentes porque pareceré una loca.

    Besotes!!!

  9. Alize dice:

    Está probado que nunca podemos decir “de este agua no beberé”… jejeje
    Me alegra que por lo menos esa tarea traiga a tu mente buenos recuerdos ;)
    ¡Besotes!

  10. Ceci dice:

    Declaración de amor! besos para los dos :)

  11. Toni dice:

    Quina història d’amor més maca, tant cap al Joan com al teu avi! Genial el post!! ^_^

  12. Oiiiii, qué tierna te está poniendo Chile! :*

  13. mari dice:

    me planchaste el corazón!!! muchos cariños para ti y joan!!!

  14. Irene MoRe dice:

    A mí me encanta planchar, es de las pocas tareas domésticas que me gusta, si no la única.
    Besazos.

  15. Pepa dice:

    Que bonita reflexión Remorada! Yo también me paso largas horas planchando las camisas del Pepe, que al igual que el Sr. Torres tiene que ir a trabajar en traje. Yo prefiero hacerlo solo un día y quitármelo de encima. La verdad es que yo tengo bastante más tiempo libre que él, y lo prefiero porque él tarda como media hora por camisa y resulta que la deja doblada como un acordeón. Veo que estáis de maravilla: me alegro un montón!

  16. melituca dice:

    ¡Qué adorable el recuerdo de tu abuelo! (: Yo odio planchar, es la tareas doméstica que más detesto… así que, salvo prendas concretas que se arrugan mucho, suelo evitarlo xD

    ¡Besotes!

    • remorada dice:

      Buaaaaa y a ti te tocará ir formal de tanto en tanto, no? He descubierto que no es que me moleste, es que no le encuentro sentido, pero no es tan pesada y menos cuando te permite focalizar pensamientos xD

  17. Isa de Out dice:

    Hola!! Cuanto tiempo sin pasar por aquí ^^.
    Yo siempre digo que las tablas de planchar con tablas de surf que abandonaron sus sueños y me da mucha lástima verlas arrinconadas esperando al próximo pobre desgraciado que tenga que hacer uso de ella xD.

    Un besote y siigue planchando, siigue planchando (leer con canto de Dory)

  18. Mo dice:

    Nunca planchar me pareció tan romántico ;)
    Yo sólo plancho las etiquetas con el nombre de Peque, jejejejeje!
    Muas!

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