10 momentos que no hay que olvidar del Tata

Suelo tener buena memoria para las fechas, no necesito de Facebook para saber cuándo es un cumpleaños y mis amigos suelen recurrir a mí para solucionar dudas o discusiones de bar. Hace un par de meses murió mi abuelo materno y, en medio de la inmensa pena, me asaltó una duda ¿Cuándo murió el Tata, el abuelo paterno? No lo puedo recordar.

Sé que fue en abril o mayo de 2004, pero no sé el día exacto. Nunca había tenido problemas con él, pero en ese entonces no pasaba una buena racha con ese lado de la familia, así que no estuve allí. Fueron daños colaterales de un tira y afloja con su hijo, mi viejo, pero no me siento culpable pues las relaciones son bidireccionales y el Tata tampoco me buscó.

Como no conoció a los tres bisnietos pequeños, he escrito, por si algún día me olvido de explicárselos, un recuento de 10 momentos del Tata que creo que ellos deben conocer:

  • Disfrutaba mucho el fútbol.Como buen chalaco, era hincha del Sport Boys Association, uno de los peores equipos del Perú, que ya es decir. Fue al mundial de México ’70 y le compró a la hermana mayor un disfraz de mariachi miniatura que posteriormente fuimos usando las demás.
  • A veces me pedía que llamara al Abuelo por teléfono para preguntarle alguna palabra del Geniograma. Siempre me pareció curioso que cuando escribía la E, hiciera primero los tres palitos horizontales, de abajo hacia arriba, y luego el vertical.
  • Parecía que le llevaba la corriente a su esposa, la Mamita. Él decía que la comida que ella preparaba lo valía, otros afirmaban que los años lo habían amansado, pues cuando era más joven le habían dado ataques de furia de esos de lanzar cosas. Se sublevó cuando nací, pero esa es una historia que merece su propio post.
  • Ejerció de figura paterna de mis hermanas mayores, ¡y de chofer! En su Dodge las llevaba desde su casa en San Isidro al colegio en Monterrico o al club en Rinconada (Traducción para no limeños: muy lejos). Cuando lo acompañaba, hacíamos juegos tipo “escóndete cuando pasemos por debajo de un túnel”. En ocasiones lo hago sin darme cuenta.
  • Cuentan que cuando empezó a salir con la Mamita y bailaban tango, se formaban corros a su alrededor.  Tenía unos audífonos/cascos enormes que hoy serían la envidia de cualquier hipster y pasaba las tardes escuchando música. También tocaba el piano que tenía en la sala, en sus épocas mozas había tocado en vivo en la radio.

Este es de los primeros dibujos que hice con el dedo y mi iPad

  • Sabía mover las orejas, las cejas y los dientes (bueno, la dentadura postiza) y nos decía que era porque era jupiteriano. El gobernante de Júpiter en esas épocas, según él, se llamaba Elrituyenjanjelwolski. Yo se lo preguntaba cada cierto tiempo para pillarle la mentira pero nunca se equivocó al repetir el nombre. Yo tampoco.
  • En 1985, cuando el Papa Juan Pablo II visitó Perú le dije: “mira, ha nacido el mismo año que tú” y me dijo “sí, claro, si fuimos juntos al colegio”. Yo no me lo creía y le dije “entonces, ¿por qué no viene a saludarte?” Me dijo que ya habían quedado en verse por la noche en la azotea, pues comunicaba (en realidad no, pero él me dijo que sí) con la Nunciatura Apostólica, que era donde el Papa se quedaba. Al día siguiente me contó que habían jugado a rayuela y al trompo. ¡Y sacó un trompo de su bolsillo!
  • Cada sábado, mis hermanas y yo íbamos a su casa para que nos diera propina. Cada una recibía un billete verde de 1000 soles con la cara de Miguel Grau, equivalente a 1 dólar. Le dije que le daba la ventaja de pagarme 50 dólares al final del año. Se rió y me dijo que ya. Mis hermanas recibieron cada semana sus 1.000 soles y yo nada. Ese año hubo una inflación brutal, recibí mis 50 dólares y fui casi millonaria por Navidad.
  • Un día, en una de las discusiones de sobremesa, más acalorada que de costumbre, todos se callaron cuando mi papá se percató de una imagen maravillosa: el Tata jugaba en silencio con mi sobrino Gonzalo, ambos movían los índices como si fueran gusanitos.
  • No comía gnocchi porque era la comida que habían preparado en su casa el día que encontró el cadáver de su padre. Pedro, de profesión herrero y originario de las islas guaneras – venimos de la mierda, le encantaba decir a mi papá – se había cortado la yugular. Por eso solía carraspear y tocarse el cuello. El Tata, que entonces tenía cuatro años, era el menor de 16 hermanos, uno de ellos construyó un avión que voló.

Sigo sin recordar la fecha, pero al menos tengo presente y recuerdo con alegría esta cara:

La mía.

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21 Comentarios en este post

  1. mari dice:

    ágata le avisaba cuando era hora de recogerlas del colegio

  2. Sandrinha dice:

    Que lindo, de allí te sale lo de story teller. Cuanto talento!!! Un abrazote Francis

  3. Brekas dice:

    Esa caritaaaa!! Alegría de verdad!

  4. pao dice:

    yayi si no me ekivoco fue el 13 de mayo …Mi Tata que lindos recuerdos imborrables!! el me hizo muy feliz !!!

  5. Oles dice:

    Me ha gustado leer este post dónde hablas de tu abuelo. Los antepasados mientras se recuerden están vivos y con nosotros. Esa es la ventaja y la virtud de la memoria.
    Besos. Oles

  6. Gabinete dice:

    Ya veo, lo especial te viene por lado materno y paterno, con sus buenas y malas rachas, pero sobre todo las buenas! Saludotes!

  7. mari dice:

    “entre todas mis nietas de 3, 6, 9, 12, (4, 7, 10, 13 y así, sucesivamente) tú eres a la que quiero más”

  8. mari dice:

    cada una en su categoría… no había pierde

  9. Nella dice:

    me encantan los abuelos cuenta-historias (porque hasta para mentir hay que ser bueno. cuando así es, ya no es una mentira… se transforma en cuento ^^).

  10. Serena dice:

    Pero que bonito todo, incluido lo del peor equipo de fútbol XD

  11. Azul Celeste dice:

    Pues me ha encantado el Tatá y la cara que ponías al oirle contar sus historias.

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